miércoles, 12 de abril de 2017

GUILLERMO BROWN, EL ALMIRANTE QUE SUFRIÓ UN REVÉS EN GUAYAQUIL

GUILLERMO BROWN, EL ALMIRANTE QUE SUFRIÓ UN REVÉS EN GUAYAQUIL.
Este daguerrotipo pertene al almirante irlandés Guillermo Brown (1777-1857) en sus últimos años.
En 1815 prestando servicio a la Armada Argentina, incursiona con su escuadra en el Pacífico Sur con el propósito de difundir ideas libertarias, y atacar embarcaciones militares y comerciales españolas. Recordemos que las Provincias Unidas del Río de La Plata se habían independizado y buscaban eliminar las amenazas externas.
Brown y su escuedra llegan a Guayaquil en febrero de 1816, las autoridades españolas del puerto los hicieron ver como piratas y ante la amenaza de ataque los guayaquileños se enfrentaron braviamente al comodoro. Tras enfrentar con éxito a los guayaquileños en el castillo de Las Cruces, lugar donde se halla la antigua Empresa Eléctrica, su nave encalló en un banco de arena, frente a los que hoy es el antiguo hotel Humboltd lo que fue aprovechado para asaltar el barco y capturar a Brown. Se relata que la tripulación casi fue exterminada; pero para no deslucir la victoria obtenida, los oficiales pidieron se respete la vida de los vencidos. Brown se presentó ante las autoridades semidesnudo, ya que intentó escapar de la nave nadando, y cubierto por la bandera celeste y blanco, estandarte de la nave capitana llamada Trinidad, que luego sirvió de inspiración para la creación de la bandera de Guayaquil. Simpatizantes de las ideas libertarias en el puerto, uno de ellos el Gral. José de Villamil, que habían descubierto las verdaderas intenciones de Brown, gestionaron ante las autoridades para que se respete su vida. Tras un proceso de negociación entre el Gobernador y los corsarios insurgentes que duró varios días se logró que Brown y su escuadra abandonen Guayaquil y Puná.
Fotografía tomada de Argentinos en daguerrotipos.
Texto de Pedro Valero Merino

lunes, 3 de abril de 2017

La diferencia que pocos entienden entre un amor libre y ser infiel

Imagina esto: una tarde cualquiera la persona que amas te dice que no puede quedarse un rato más porque irá al cine con su otra pareja. Entonces, casi paralizada, respondes: “Está bien, hablamos luego, dale saludos de mi parte”.

Esta escena puede causar rabia en algunos y gracia en otros, todo depende del modo en que nos concebimos a nosotros mismos.  

Es decir, entendernos como una persona completa y autosuficiente ayuda a la construcción de relaciones no exclusivas. Quienes saben y aceptan que las personas no son objetos, pueden aceptar que nadie pertenece a nadie. Ningún ser humano puede limitar, prohibir ni condicionar a otro. Generalmente, estas personas tienen una alta autoestima, seguridad y un gran amor propio. Encontrar la felicidad y plenitud persoal son su única prioridad. No “necesitan” estar con alguien, pues se sienten completos al permitirse estar cuando, como y con quien quieren.

Esto quiere decir que quienes prefieren una relación tradicional son, mayormente, seres incompletos o carentes. Para crear vínculos libres hace falta mucho carácter y amor propio.

diferencia amor libre y ser infiel viaje-h600
Si bien es cierto que el amor romántico está cargado de falsedades y riesgos emocionales para quienes vierten toda su fe en él, también es un lugar cómodo que nos resistimos a abandonar. La razón por la que muchos prefieren relaciones típicas, gira en torno al asunto de la fidelidad.

De manera natural las personas nos atraen, aun cuando tenemos una pareja estable. Sin embargo, efectuar una infidelidad implica romper un compromiso moral y significa lastimar a quien decidimos amar.

señales que no quieres estar con esa persona
La diferencia fundamental entre el amor libre y la infidelidad es sólo una: la mentira. Cuando decidimos llevar una relación libre –sin ataduras o límites– no es necesario mentir, podemos estar con otros sin represalias, culpas o consecuencias. Esto no sucede cuando prometemos fidelidad en una relación tradicional, la cual nos orilla a medir el respeto y amor de nuestra pareja a partir de la exclusividad.

El amor −el verdadero− siempre es libre. No obstante, son varias y distintas las maneras en las que acordamos compartirlo, vivirlo y disfrutarlo. Quienes deciden establecer una relación asentada en la monogamia no pueden vincularse sexual o emocionalmente con un tercero. Aunque muchas personas encuentran en este tipo de relaciones una estabilidad que los llena de confianza y tranquilidad, mucho se especula sobre la frustración que, en algún momento, la restricción de tener una sola pareja provoca.

señales que no quieres estar con esa persona
Hay otros para quienes este tipo de vínculos, los eternos y monógamos, son caducos e ilusorios. Por lo tanto, ellos acusan de restrictiva esta manera de relacionarse y entonces, se atreven a crear nuevas formas de expresión amorosa, nuevos vínculos románticos y nuevas pruebas de lealtad de un modo no exclusivo.

No hay una manera única o correcta de relacionarse, menos de enamorarse. No hay una mejor que otra, sólo la que se define por la honestidad. Es decir, si buscamos una relación libre, debemos expresarlo desde un inicio. Si la otra persona acepta los términos, todo queda establecido y los riesgos de sufrir son menores. Si el otro no desea esa libertad, debemos respetarlo y decidir si podemos adecuarnos a sus preferencias, o si es mejor apartarnos. Afortunadamente o no, esa es la única manera de amar sin lastimar.
diferencia amor libre y ser infiel

domingo, 2 de abril de 2017

La CIA estudia a los teóricos franceses: Cómo desmantelar a la izquierda cultural

Por: Gabriel Rockhill
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El “aparato” en París: el agente de la CIA y presidente del Congreso para la Libertad Cultural Michael Josselson (centro) en un almuerzo de trabajo con John Clinton Hunt y Melvin Lasky (dcha.)
El “aparato” en París: el agente de la CIA y presidente del Congreso para la Libertad Cultural Michael Josselson (centro) en un almuerzo de trabajo con John Clinton Hunt y Melvin Lasky (dcha.)
Se suele asumir que los intelectuales tienen poco o ningún poder político. Subidos en su privilegiada torre de marfil, desconectados del mundo real, enredados en debates académicos sin sentido sobre minucias, o flotando en las nubes abstrusas de la teoría de altos vuelos, se suele retratar a los intelectuales como separados de la realidad política e incapaces de tener cualquier impacto significativo sobre ella. Pero la Agencia Central de Inteligencia (CIA) piensa de otra forma.
De hecho, el organismo responsable de planificar golpes de Estado, cometer asesinatos y manipular clandestinamente a gobiernos extranjeros no solo cree en el poder de la teoría, sino que asignó importantes recursos para mantener un grupo de agentes secretos dedicados a estudiar a fondo lo que algunos consideran la teoría más recóndita e intricada jamás producida. Un documento de investigación escrito en 1985 y que recientemente ha sido desclasificado y publicado con ligeras adaptaciones, haciendo uso de la Ley de Libertad de Expresión, revela que la CIA dispuso de agentes dedicados a estudiar las complejas e influyentes teorías asociadas a los autores franceses Michel Foucault, Jacques Lacan y Roland Barthes.
La imagen de unos espías estadounidenses reuniéndose con asiduidad en cafés parisinos para estudiar y comparar notas sobre los popes de la intelectualidad francesa puede chocar a quienes asumen que este grupo de intelectuales eran lumbreras cuya sobrenatural sofisticación no podría caer en una trampa tan vulgar, o que, por el contrario, no eran sino charlatanes de retórica incomprensible con poco o ningún impacto en el mundo real. Sin embargo, no sorprenderá a quienes están familiarizados con la prolongada y continua utilización de recursos de la CIA en la guerra cultural global, incluyendo el respaldo a sus formas más vanguardistas, lo que ha quedado bien documentado gracias a investigadores como Frances Stonor Saunders, Giles Scott-Smith y Hugh Wilford (yo he realizado mi propia contribución con el libro Radical History & the Politics os Art).
Thomas W. Braden, antiguo supervisor de las actividades culturales de la CIA, explicaba el poder de la guerra cultural de la agencia en un relato sincero y bien informado publicado en 1967: “Recuerdo el inmenso placer que sentí cuando la Orquesta Sinfónica de Boston [que contaba con el respaldo de la CIA] ganó más elogios para EE.UU. en París de los que pudieran haber ganado John Foster Dulles [i] o Dwight D. Eisenhower con cien discursos”. No se trataba, de ninguna manera, de una operación liminal o sin importancia. De hecho, como sostenía acertadamente Wilford, el Congreso para la Libertad Cultural con sede en París, que posteriormente resultó ser una organización tapadera de la CIA en tiempos de la Guerra Fría, fue uno de los principales patrocinadores de la historia mundial y prestó apoyo a una increíble gama de actividades artísticas e intelectuales. Contaba con oficinas en 35 países, publicó docenas de prestigiosas revistas, participaba en la industria editorial, organizó conferencias y exposiciones artísticas de alto nivel, coordinaba actuaciones y conciertos y proporcionó generosa financiación a diversos premios y becas culturales, así como a organizaciones encubiertas como la Fundación Farfield.
La agencia de inteligencia consideraba que la cultura y la creación teórica eran armas cruciales del arsenal global dirigido a perpetuar los intereses estadounidenses en todo el mundo. El documento de investigación de 1985 recién publicado, titulado “Francia: la deserción de los intelectuales de izquierda”, examina –indudablemente con el fin de manipularla– a la intelectualidad francesa y el papel fundamental que desempeñaba en la configuración de las tendencias que generan la línea política. El informe, a la vez que sugería que en la historia de la intelectualidad francesa existía un equilibrio ideológico relativo entre la izquierda y la derecha, destaca el monopolio de la izquierda en la era inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial –al que, como sabemos, se oponía de modo furibundo la CIA– a causa del papel fundamental que jugaron los comunistas en la resistencia al fascismo y que, en último término, permitió ganar la guerra. Aunque la derecha estaba enormemente desacreditada a causa de su contribución directa a los campos de exterminio nazis, así como su agenda xenófoba, anti-igualitaria y fascista (según las propias palabras de la CIA), los agentes secretos anónimos que escribieron el borrador del informe resumen con palpable regocijo el retorno de la derecha a partir de los inicios de la década de los setenta.
Más concretamente, los guerreros culturales clandestinos aplauden lo que consideran un movimiento doble que contribuyó a que los intelectuales apartaran a Estados Unidos del centro de sus críticas y las dirigieran a la Unión Soviética. Por parte de la izquierda se produjo una desafección gradual hacia el estalinismo y el marxismo, una progresiva retirada de los intelectuales radicales del debate público y un alejamiento teórico del socialismo y del partido socialista. Más hacia la derecha, los oportunistas ideológicos a los que se denominaba Nuevos Filósofos y los intelectuales de la Nueva Derecha lanzaron una campaña mediática descarada de difamación contra el marxismo.
Mientras otros tentáculos de la organización de espionaje de alcance mundial se dedicaban a derribar gobiernos elegidos democráticamente, a proporcionar servicios de inteligencia y financiación a dictadores fascistas y a apoyar escuadrones de la muerte de extrema derecha, el escuadrón parisino de la CIA recogía información sobre el giro hacia la derecha que estaba teniendo lugar en el mundo y que beneficiaba directamente a la política exterior de EE.UU. Los intelectuales simpatizantes de la izquierda de la posguerra fueron abiertamente críticos con el imperialismo estadounidense. La influencia en los medios de comunicación que ejercía la crítica marxista sin pelos en la lengua de Jean Paul Sartre y su notable papel –como fundador de Libération– a la hora de revelar la identidad del responsable de la CIA en París y de docenas de agentes encubiertos fue seguida de cerca por la Agencia y considerada un grave problema.
Por el contrario, el ambiente antisoviético y antimarxista de la emergente era neoliberal sirvió para desviar el escrutinio público y proporcionó una excelente excusa para las guerras sucias de la CIA, al “dificultar en extremo cualquier oposición significativa de las élites intelectuales a las políticas estadounidenses en América Central, por ejemplo”. Greg Grandin, uno de los más destacados historiadores de Latinoamérica, resumió perfectamente esta situación en su libro The Last Colonial Massacre (La última masacre colonial):
“Aparte de realizar intervenciones notoriamente desastrosas y letales en Guatemala en 1954, República Dominicana en 1965, Chile en 1973 y El Salvador y Nicaragua en los ochenta, Estados Unidos ha prestado apoyo financiero, material y moral silencioso y continuo a estados terroristas asesinos y contrainsurgentes […] Pero la enormidad de los crímenes de Stalin aseguraba que dichas historias sórdidas, por muy convincentes, rigurosas o condenatorias que fueran, no interfirieran en la fundación de una visión del mundo comprometida con el papel ejemplar de Estados Unidos en la defensa de lo que ahora conocemos como democracia”.
Este es el contexto en el que los mandarines enmascarados elogian y apoyan la incesante crítica que una nueva generación de pensadores antimarxistas como Bernard-Henri Levy, André Glucksmann y Jean-François Revel desencadena contra “la última camarilla de eruditos comunistas” (compuesta, según los agentes anónimos, por Sartre, Barthes, Lacan y Louis Althuser). Dada la inclinación izquierdista de aquellos antimarxistas en su juventud, constituyen el modelo perfecto para construir las narrativas falaces que fusionan una pretendida evolución política personal con el avance continuo del tiempo, como si la vida individual y la historia fueran simplemente una cuestión de “evolución” y de reconocer que la transformación social igualitaria es algo del el pasado, personal e histórico. Este derrotismo condescendiente y omnisciente no solo sirve para desacreditar nuevos movimientos, particularmente aquellos liderados por los jóvenes, sino que también caracteriza de forma errónea los éxitos relativos de la represión contrarrevolucionaria como progreso natural de historia.
Incluso teóricos no tan opuestos al marxismo como estos intelectuales reaccionarios contribuyeron de modo significativo a la atmósfera de desencanto hacia el igualitarismo transformador, al alejamiento de la movilización social y al “cuestionamiento crítico” desprovisto de puntos de vista radicales. Esto es crucial para comprender la estrategia general de la CIA en sus amplias y poderosas iniciativas para desmantelar a la izquierda cultural en Europa y otros lugares. Reconociendo la dificultad de abolirla por completo, la organización de espionaje más poderosa del mundo ha pretendido apartar la cultura de izquierdas de las políticas decididamente anticapitalistas y transformadoras y redirigirla hacia posiciones reformistas de centro-izquierda, menos abiertamente críticas con la política interna y la política exterior de Estados Unidos. En realidad, tal y como ha demostrado minuciosamente Saunders, la Agencia continuó las políticas del Congreso liderado por McCarthy en la posguerra con el fin de apoyar y promover de manera directa aquellos proyectos que desviaban a productores y consumidores de la izquierda decididamente igualitaria. Amputando y desacreditando a esta última, aspiraba también a fragmentar a la izquierda en general, dejando lo que quedaba del centro-izquierda con un mínimo poder y apoyo público (y a la vez potencialmente desacreditada a causa de su complicidad con la política del poder de las derechas, un tema que continúa extendiéndose como una plaga por los partidos institucionalizados de la izquierda).
Es en este contexto donde debemos situar la afición de la agencia de inteligencia por las narrativas de conversión y su profundo aprecio por los “marxistas reformados”, un leitmotiv transversal al informe de investigación sobre los teóricos franceses. “A la hora de socavar el marxismo –escriben los agentes infiltrados– son aún más eficaces aquellos intelectuales convencidos, dispuestos a aplicar la teoría marxista en las ciencias sociales, pero que acaban por rechazar toda la tradición marxista”. Citan en particular la enorme contribución realizada por la Escuela de los Annales, de historiografía y estructuralismo –especialmente Claude Lévi-Strauss y Foucault– a la “demolición crítica de la influencia marxista en las ciencias sociales”. Foucault, a quien se refieren como “el pensador francés más profundo e influyente”, es especialmente aplaudido por su elogio de los intelectuales de la Nueva Derecha, cuando recuerda a los filósofos que “la teoría social racionalista de la Ilustración y la era Revolucionaria del siglo XVIII ha tenido consecuencias sangrientas”. Aunque sería un error echar por tierra las políticas o los efectos políticos de cualquiera basándose en una sola posición o resultado, el izquierdismo antirrevolucionario de Foucault y su perpetuación del chantaje del Gulag –es decir, la afirmación de que los movimientos expansivos radicales que pretenden una profunda transformación social y cultural solo resucitan la más peligrosa de las tradiciones– están perfectamente en línea con las estrategias generales de guerra psicológica de la agencia de espionaje.
La interpretación que realiza la CIA de la obra teórica francesa debería servirnos para reconsiderar la apariencia chic que ha acompañado gran parte de su recepción por el mundo anglófono. Según una concepción estatista de la historia progresiva (que por lo general permanece ciega a su teleología implícita), la obra de figuras como Foucault, Derrida y otros teóricos franceses de vanguardia suele asociarse intuitivamente a una crítica profunda y sofisticada que presumiblemente va más allá de cualquier relación con el socialismo, el marxismo o las tradiciones anarquistas. No cabe duda y es preciso resaltar que el modo en que el mundo anglófono acogió la obra de los teóricos franceses, como acertadamente ha señalado John McCumber, tuvo importantes implicaciones políticas como polo de resistencia a la falsa neutralidad política, las tecnicidades cautelosas de la lógica y el lenguaje, o al conformismo ideológico puro activo en las tradiciones de la filosofía anglo-americana apoyada por [el senador] McCarthy. No obstante, las prácticas teóricas de aquellas figuras que dieron la espalda a lo que Cornelius Castoriadis denominó la tradición de la crítica radical –la resistencia anticapitalista y antiimperialista– ciertamente contribuyeron al alejamiento ideológico de la política transformadora. Según la propia agencia de espionaje, los teóricos posmarxistas franceses contribuyeron directamente al programa cultural de la CIA destinado a persuadir a la izquierda de inclinarse hacia la derecha, al tiempo que desacreditaban el antiimperialismo y el anticapitalismo, creando así un entorno intelectual en el cual sus proyectos imperialistas pudieran medrar sin ser estorbados por un escrutinio crítico serio por parte de la intelectualidad.
Como sabemos gracias a las investigaciones realizadas sobre los programas de guerra psicológica de la CIA, la organización no solo ha vigilado e intentado coaccionar a los individuos, sino que siempre ha intentado comprender y transformar las instituciones de producción y distribución cultural. De hecho, su estudio sobre los teóricos franceses señala el papel estructural que desempeñan las universidades, las editoriales y los medios de comunicación en la formación y consolidación de un ethos político colectivo. En las descripciones que, como el resto del documento, deberían invitarnos a pensar críticamente sobre la actual situación académica del mundo anglófono y otros lugares, los autores del informe destacan cómo la precarización del trabajo académico contribuye al aniquilamiento del izquierdismo radical. Si los izquierdistas convencidos no podemos asegurarnos los medios materiales para desarrollar nuestro trabajo, o si se nos obliga más o menos sutilmente a ser conformistas para conseguir empleo, publicar nuestros escritos o tener un público, las condiciones estructurales que permitan la existencia de una comunidad izquierdista resuelta se ven debilitadas. Otra de las herramientas utilizadas para conseguir este fin es la profesionalización de la educación superior, que pretende transformar a las personas en eslabones tecnocientíficos integrados en el aparato capitalista, más que en ciudadanos autónomos con herramientas solventes para la crítica social. Los mandarines teóricos de la CIA alaban, por tanto, las iniciativas del gobierno francés por “presionar a los estudiantes para que se decidan por estudios técnicos y empresariales”. También señalan las contribuciones realizadas por las grandes casas editoriales como Grasset, los medios de comunicación de masas y la moda de la cultura americana para lograr una plataforma postsocialista y antigualitaria.
¿Qué lecciones podemos extraer de este informe, especialmente en el contexto político en que nos encontramos, con su ataque continuo a la intelectualidad crítica?
En primer lugar, el informe debería servirnos para recordar convincentemente que si alguien supone que los intelectuales no tienen ningún poder y que nuestras orientaciones políticas carecen de importancia, la organización que se ha convertido en uno de los agentes más poderosos del mundo contemporáneo no lo ve así. La Agencia Central de Inteligencia, como su nombre irónicamente sugiere, cree en el poder de la inteligencia y de la teoría, algo que deberíamos tomarnos muy seriamente. Al presuponer erróneamente que el trabajo intelectual sirve de poco o de nada en el “mundo real”, no solo malinterpretamos las implicaciones prácticas del trabajo teórico, sino que corremos el riesgo de hacer la vista gorda ante proyectos políticos de los que fácilmente podemos convertirnos en embajadores culturales involuntarios. Aunque es verdad que el Estado-nación y el aparato cultural francés proporcionan a los intelectuales una plataforma pública mucho más significativa que muchos otros países, la obsesión de la CIA por cartografiar y manipular la producción teórica y cultural en otros lugares debería servirnos a todos como llamada de atención.
En segundo lugar, en la actualidad los agentes del poder están particularmente interesados en cultivar una intelectualidad cuya visión crítica esté atenuada o destruida por las instituciones que los patrocinan basadas en intereses empresariales y tecnocientíficos, que equipare las políticas de izquierda-derecha con lo “anticientífico”que relacione la ciencia con una pretendida –pero falsa– neutralidad política, que promueva los medios de comunicación que saturan las ondas hertzianas con cháchara conformista, aísle a los izquierdistas convencidos de las principales instituciones académicas y de los focos mediáticos y desacredite cualquier llamamiento al igualitarismo radical y a la transformación ecológica. Idealmente, intentan nutrir una cultura intelectual que, si es de izquierdas, esté neutralizada, inmovilizada, apática y se muestre satisfecha con apretones de manos derrotistas o con la crítica pasiva a la izquierda radical movilizada. Esa es una de las razones por las que podemos considerar a la oposición intelectual al izquierdismo radical, que predomina en el mundo académico estadounidense, una postura política peligrosa: ¿acaso no es cómplice directa de la agenda imperialista de la CIA en todo el mundo?
En tercer lugar, para contrarrestar este ataque institucional a la cultura del izquierdismo resolutivo, resulta imperativo resistir la precarización y profesionalización de la educación. Similar importancia tiene la creación de esferas públicas que posibiliten un debate realmente crítico y proporcionen una amplia plataforma para aquellos que reconocen que otro mundo no solo es posible, sino necesario. También necesitamos unirnos para contribuir a la creación o el mayor desarrollo de medios de comunicación alternativos,diferentes modelos de educación, instituciones alternativas y colectivos radicales. Es vital promover precisamente aquello que los combatientes culturales encubiertos pretenden destruir: una cultura de izquierdismo radical con un marco institucional de apoyo, un amplio respaldo público, una influencia mediática prevalente y un amplio poder de movilización.
Por últimolos intelectuales del mundo deberíamos unirnos para reconocer y aprovechar nuestro poder con el fin de hacer todo lo posible para desarrollar una crítica sistémica y radical que sea tan igualitaria y ecológica como anticapitalista y antiimperialista.
Las posturas que uno defiende en el aula o públicamente son importantes para establecer los términos del debate y marcar el campo de posibilidades políticas. En oposición directa a la estrategia cultural de fragmentación y polarización de la agencia de espionaje, mediante la cual ha pretendido amputar y aislar a la izquierda antiimperialista y anticapitalista, deberíamos, a la vez que nos oponemos a las posiciones reformistas, federarnos y movilizarnos, reconociendo la importancia de trabajar juntos –toda la izquierda, como Keeanga-Yamahtta nos ha recordado recientemente– para cultivar una intelectualidad verdaderamente crítica.
En lugar de pregonar o lamentar la impotencia de los intelectuales, deberíamos utilizar la aptitud para decir la verdad a los poderosos, trabajando juntos y movilizando nuestra capacidad de crear colectivamente las instituciones necesarias para un mundo de izquierdismo cultural. Porque solo en un mundo así, y en las cámaras de resonancia de inteligencia crítica que provoque, será posible que las verdades expresadas sean realmente escuchadas y se produzca el cambio de las estructuras de poder.
Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo
Nota:
[1] Secretario de Estado con el presidente Eisenhower entre 1953 y 1959.

miércoles, 29 de marzo de 2017

"El Estado debe garantizar el empleo a todos los ciudadanos"



ENTREVISTA / RANDALL WRAY / ECONOMISTA Y PROFESOR DE BARD COLLEGE EN NUEVA YORK "El Estado debe garantizar el empleo a todos los ciudadanos" Foto: Internet Para el especialista, con políticas nacionales se debe planificar y definir los sectores económicos y sociales que necesiten más o menos mano de obra. Redacción Economía El economista Randall Wray concedió una entrevista al medio de comunicación Contexto y Acción (CTXT) sobre política monetaria. Wray es una de las figuras destacadas del movimiento de la teoría monetaria moderna, o modern money theory, que rompe con el análisis ortodoxo sobre la creación del dinero y propone políticas para el pleno empleo.   Wray trabaja como docente en el Instituto Levy, un reconocido centro de economistas neokeynesianos en el campus de Bard College, situado dos horas al norte de Manhattan, el valle del río Hudson. 

El investigador estadounidense repasa los elementos clave de la teoría monetaria moderna, critica la renta básica, la unión monetaria europea y su propuesta se resume a que el Estado garantice el empleo de todos los ciudadanos. Dada su importancia, Diario EL TELÉGRAFO reproduce la entrevista del medio de comunicación europeo creado en 2015. 

¿En qué consiste, brevemente, la teoría monetaria moderna? 
La modern money theory parte del reconocimiento de que un gobierno soberano en realidad no es como una familia o una empresa. A menudo, oímos a políticos, e incluso economistas, decir que si alguien gestionase el dinero de su familia como el gobierno gestiona los presupuestos del Estado, terminaría en bancarrota. Por supuesto, eso es cierto, pero la analogía es completamente falsa porque implica que un Estado, como una familia, puede quebrar si gasta continuamente más de lo que ingresa. Desde ese punto de partida, analizamos el porqué de la diferencia y sus consecuencias. La principal diferencia es que los Estados emiten su propia moneda, mientras que si una familia emite, por ejemplo, dólares estadounidenses, los está falsificando, y sus miembros irán a la cárcel. 

¿Qué consecuencias políticas tiene esa teoría, que va en contra del análisis económico ortodoxo? 

En el momento más severo de la crisis, el Congreso de los Estados Unidos aprobó un estímulo fiscal de $ 800.000 millones en dos años. Esto amortiguó el declive económico, pero el país no se recuperó. El presidente Obama dijo, una y otra vez: “Nos gustaría hacer más, pero el Estado no tiene más dinero”. Eso es falso, lo supiera Obama o no. Si la opinión pública lo entendiera así, habría exigido al gobierno que hiciera más. Por fin, desde hace unos meses, estamos creando empleo a un ritmo razonable, en torno a 200.000 puestos de trabajo cada mes. Pero no teníamos por qué haber pasado por un periodo tan largo de crecimiento escaso, sin apenas creación de empleo. Hemos perdido cientos de miles de millones de actividad productiva que no recuperaremos nunca. Las empresas no contrataban porque no vendían lo suficiente. Si el gobierno hubiera hecho más, si hubiera creado más demanda para la actividad productiva o incluso creado puestos de trabajo, nos habríamos recuperado mucho antes. 

Habla de “hacer más” y de crear demanda y empleo, pero, ¿de qué manera? 

Hay medidas convencionales como la inversión en infraestructura. No creo que nadie esté en desacuerdo con que necesitamos invertir mucho más en ese frente. Nuestros puentes se desmoronan, toda nuestra infraestructura se cae a pedazos. Y cualquiera que haya ido a China y haya visto los trenes de alta velocidad y la nueva infraestructura que tienen allí sabe que no es solo cuestión de reparar lo que ya tenemos. Nos estamos quedando rezagados. En cuanto a las estrategias menos convencionales, recuperaría el programa de creación de empleo del New Deal de los años 30. El Estado contrataría directamente a los desempleados, que se encargarían de actividades en beneficio de la comunidad y el interés público, o proveería los salarios para que otros, bien sean ayuntamientos, organizaciones sociales u ONG, contraten. Esto aportaría a los desempleados trabajo, experiencia y cualificación. En Estados Unidos, tenemos un problema no ya por el desempleo, que sigue siendo demasiado alto, incluso en torno al 5% actual, sino también por un grupo enorme de la población, tres o cuatro veces el número de desempleados, que ha dejado de buscar trabajo o se ve obligado a trabajar a tiempo parcial. Se entiende que la gente que reciba esos sueldos financiados por el Estado tendrá que estar trabajando. 

¿Por qué prefiere esa solución a una renta básica, independiente de la situación laboral de cada ciudadano? La renta básica no aporta todo lo que aporta un trabajo. Un empleo beneficia a la comunidad, por lo que es mucho más popular desde el punto de vista político. Además, estamos hablando de producir en el interés general, para resolver las necesidades ciudadanas.

¿Propone entonces que el Estado dirija esos recursos adonde estime más necesario para la sociedad en su conjunto? 

Sí. El Estado tendría que planificar qué tipo de empleos incentiva o paga. Diría: “Necesitamos reparar estos puentes”, o, “Necesitamos más supervisión en los parques infantiles”, o, más bien, “Necesitamos servicios de limpieza medioambiental”. El Estado haría una labor de planificación y contrataría a los trabajadores para esas actividades. O, si decide ceder la iniciativa a organizaciones de servicios comunitarios, haría falta un proceso de aprobación y evaluación. 

¿Existen las crisis de deuda soberana? ¿Son posibles? ¿En Japón? No. ¿En EEUU? No. ¿Reino Unido? ¿Turquía? Tampoco. ¿Qué tienen en común? Todos ellos emiten su propia moneda. ¿Qué pasa si uno abandona su moneda y adopta la de otro? Puede haber un problema de deuda, porque ya no tienes moneda propia. Hay países que ‘dolarizan’ su economía. Lo hizo Ecuador. Argentina tenía un régimen de convertibilidad en los años 90. Puede resultar muy problemático, porque la única manera de conseguir dólares, si no se puede exportar suficiente, es pedirlos prestados. Si se piden prestados, hay que devolverlos con intereses, y si no se consiguen más dólares, puede haber consecuencias desastrosas, incluido el impago de la deuda. 

¿Cuál es el problema de Europa? Grecia o Italia tenían moneda propia. ¿Podía agotárseles? No. ¿Qué hicieron? Renunciaron a su propia moneda. Adoptaron el euro, que es una moneda extranjera. Ahora están en una situación para la que no hay solución de mercado. Grecia, Italia, España no se recuperarán nunca. ¿Y si salieran del euro? Bueno. Tendrían que salirse del euro, o habría que reformar todo el sistema. Una cosa o la otra terminará sucediendo. ¿No está el resto de países subordinado a EE.UU.? La medida en que se subordinan responde a decisiones políticas. Hay países que deciden tener un tipo de cambio fijo. Si quieres hacer eso, necesitas exportar, ¿y qué necesitas para exportar? Salarios bajos. Una demanda agregada baja. Mantener a tu población lo suficientemente pobre como para importar. Lo hacen voluntariamente. No tienen por qué hacerlo. (I)


domingo, 26 de marzo de 2017

Lasso, el magnate de las offshore


 LOS NEGOCIOS DEL CANDIDATO DE LA DERECHA DE ECUADOR
El dueño del Banco de Guayaquil intentó emprolijar su patrimonio para no sufrir sobresaltos con su "Alianza por el Cambio". Sin embargo, el hombre que aspira a convertirse en presidente el próximo 2 de abril dejó huellas en los paraísos fiscales de Panamá, Caimán y Delaware con 49 empresas offshore con nombres de fantasía que ocultan su identidad y la de familiares.
Desde Quito, Ecuador
En poco más de dos semanas, el 2 de abril, Ecuador define al sucesor de Rafael Correa, la derecha logró catapultar a la segunda vuelta con Lenin Moreno al banquero Guillermo Lasso. El financista intentó en los últimos años emprolijar sus negocios para disputar en la arena política. Sin embargo, la magnitud de empresas offshore y las artimanias de enriquecimiento afloran y lo podrían imputar por evasión tributaria. Esta periodista accedió a información que muestra que Lasso está asociado a 49 empresas en paraísos fiscales y en sólo un año, entre 1999 y 2000, su fortuna pasó de 1 millón declarados a 31 millones de dólares gracias a la especulación con los bonos emitidos tras el feriado bancario, el equivalente al corralito argentino. 
A los 22 años, Lasso recibió de manos de su cuñado Danilo Carrera, un banco de regalo que luego se transformó en el Banco de Guayaquil.En 2012, por primera vez se candidateó a la presidencia y perdió frente a Correa por 57 a 23 por ciento. Un par de años antes de esa derrota, Lasso se preparó “limpiando” su entramado económico en paraísos fiscales.
En marzo de 2011, el Banco de Guayaquil estaba conformado por la Corporación Multi BG S.A. A su vez, el principal accionista de Multi BG es Andean Investment Ltd., una empresa radicada en las Islas Caimán. El reporte oficial de la superintendencia de Bancos de Panamá, al que tuvo acceso esta periodista, afirma que el principal accionista del Banco de Guayaquil a través de la Corporación Multi BG es Andean Investment de Caimán. De esta manera Lasso conformaba tempranamente su fortuna, con capital oculto en paraísos fiscales y testaferrismo empresarial.
Composición accionaria del banco de Guayaquil, con la participaciòn de los paraisos fiscales Caiman y Panamá
Otro inversionista en el Banco de Guayaquil es Inversiones Latina Inverlat S.A., de Panamá, otro paraíso fiscal. Inverlat, según se pudo averiguar aún con las dificultades de acceso a la información en los paraísos fiscales, le pertenece en los papeles a dos altos ejecutivos del Banco de Guayaquil: Angelo Caputti y Julio Macklif  (ver recuadro)
El "buitre" interno
En 2002, según la superintendencia de compañías de Ecuador, Andean Investment integra el listado de accionistas de la Corporación Multi BG, con un aumento de capital de 31 millones de dólares. En 1999 tenía solo un millón. Vale recordar que estas empresas conforman el Banco de Guayaquil y Lasso es el accionista mayoritario.
¿Por qué creció de esta manera Andean Investment?
Entre 1999 y 2002 Ecuador vivió la crisis financiera más importante en décadas. El 8 de marzo de 1999 se declaró un feriado bancario de 24 horas que terminó durando cinco días. Todas las operaciones financieras estaban suspendidas. Mientras tanto, el presidente en ese entonces, Jamil Mahuad, decretó un congelamiento de depósitos por un año. Aún así los bancos “quebraron”. Cuando le congelaron la plata a los ahorristas, la gente no pudo ir al cajero a retirar su dinero. Los bancos emitieron entonces unos certificados de depósito (CDR), comprobantes de que la persona tenía una cantidad determinada de dinero en su cuenta pero no los podía retirar. Los banqueros empezaron a especular con esa desgracia social y los bancos recompraron los certificados a un 40 o 50 por ciento de su valor. Beneficiario de esa usura, Lasso fue un buitre interno contra los mismos ecuatorianos a los que ahora les pide el voto.
Pero lo que termina de cerrar el círculo de “buitre interno” y demuestra además la corrupción entre el poder financiero y el poder  político neoliberal es que luego fue el propio Estado (en la presidencia de Mahuad) el que hizo el “salvataje” bancario y le recompró a la banca estos certificados de depósito al 100 por ciento de su valor quebrando así la banca pública.
En esos años, Guillermo Lasso era el accionista con el 58 por ciento de Andean Investment, la empresa que fue creciendo gracias a la usura en la compra de los certificados de depósito a los ecuatorianos que fueron víctimas de esas políticas neoliberales.
Fideicomisos a mis hijos
En 2011 Lasso presentó su libro “Cartas a mis hijos”.  Una de las reseñas contiene el siguiente párrafo: “En algún momento, Guillermo Lasso levantó su mirada de los números y comenzó a ver al Ecuador de hoy. Seguramente sus ojos empezaron a observar lo que pasaba en los rincones de su país durante las giras por los Bancos del Barrio. Y empezó a escuchar, tocar y sentir esas realidades, a veces duras, muy duras, otras esperanzadoras”.
Quienes conocen a este hombre que maneja o controla alrededor de cuatro mil millones de dólares, el equivalente a 4 puntos del PBI ecuatoriano según datos del balance del Banco de Guayaquil; saben que constituyó un entramado de fuga de divisas para él y para parte del empresariado local; que tiene a su nombre o a nombre de sus allegados decenas de empresas offshore en paraísos fiscales como Panamá o Delaware; que se enriqueció y benefició con la crisis del feriado bancario que obligó a emigrar del país a dos millones de ecuatorianos. Quienes conocen su verdadera historia, jamás dirían que Lasso está cerca de los dolores y esperanzas del pueblo de Ecuador.
En un efecto de marketing de esta campaña presidencial donde quedó segundo frente a Lenin Moreno, el candidato del oficialismo; se lo ve a Lasso en la calle en distintas situaciones: en una feria tiene que agarrar un pollo con las manos. En un festival tiene que probar un guiso típico. El candidato no puede ocultar para las cámaras de televisión que todo lo registran, la cara de asco que le producen esas situaciones callejeras, el contacto con el pueblo.
Pero justamente en 2011, cuando él ya sabía que iba a ser candidato, se empezó a preparar ¿Qué es lo que hace? Liquida la empresa Andean Investment en Caimán y transfiere la operación resultante de esa liquidación en una serie de seis fideicomisos a nombre suyo, de su hermana y de sus hijos.
Lo sorprendente es que luego, apenas dos meses después de haber hecho la liquidación de la compañía de Caimán y transferido a los fideicomisos locales, tal vez se da cuenta de que no le conviene tener esas acciones en fideicomisos ecuatorianos y decide nuevamente transferir las acciones a empresas en Delaware. O sea, venden los fideicomisos que eran ecuatorianos a empresas offshore en Delaware. Cada uno de estos fideicomisos crea una empresa. 
Esta periodista tuvo acceso a esta revelación y por ejemplo Positano LLC, empresa offshore es Guillermo Lasso y tras otros nombres ocurrentes como “Montpellier” o “Berlín” se ocultan identidades de hermanos y herederos.En 2013, luego de la derrota frente a Rafael Correa, el grupo económico que lidera Lasso, devolvió las acciones de Delaware y las llevó de regreso a Ecuador. La hipótesis es que armaron el entramado en Delaware para esconder que eran los titulares de las acciones del Banco de Guayaquil y mantenerlas en el exterior durante la campaña política. Actualmente están de vuelta en fideicomisos locales.

Lasso= offshore
En esta investigación se tuvo acceso a toda la red de las empresas offshore de Guillermo Lasso y sus allegados. Cabe aclarar que esta metodología no es reciente, es una práctica histórica de fuga de capitales que se remonta al año 1978 con la constitución en Panamá de la empresa Saranac S.A. a nombre de Guillermo Lasso, María Eugenia Lasso de Carrera (su hermana) y Danilo Carrera (su cuñado).
Más allá de los reproches éticos y legales sobre la constitución de empresas offshore, Lasso podría ser pasible del delito de evasión tributaria de la “inversión extranjera directa”. En la legislación ecuatoriana, las utilidades de empresas extranjeras no tributan para salir al exterior. Es un aliciente impositivo para atraer inversiones.
Lo que esta metodología de fideicomisos y empresas en paraísos fiscales que van y vienen está demostrando es que salen del país utilidades que vuelven a entrar como inversiones extranjeras “lavando impuestos”.
Declaran como inversión extranjera algo que en realidad no lo es. El Banco de Guayaquil no paga el impuesto de salida de divisas porque lo hacen figurar como si fuera dinero extranjero con fideicomisos que se vuelven off shore y los regresan una y otra vez.
Hay una frase común y corriente en el país: “Los ecuatorianos y las ecuatorianas lo que más quieren es al dólar”. Lo peor para Ecuador es sacar divisas del país


La telaraña

Sobre la fenomenal red de empresas offshore que maneja Guillermo Lasso, él podría argumentar que los nombres de toda su familia y el suyo propio aparecen en las compañías identificadas.
Ese argumento es válido hasta la constitución de las empresas donde los signatarios que la ley exige para la constitución de offshore dejan de ser la familia Lasso y aparecen otras personas. Entre ellas Angelo Luis Caputi Oyague (Presidente ejecutivo del Banco de Guayaquil entre 2012 y 2015, Director Tesorero y presidente de la off-shore Soluciones Caramisu Inc. y vinculado a las empresas off-shore de la familia Lasso, Latin America Broker Group e Inversiones Latina Inverlat), Julio Antonio Mackliff Elizalde (Vicepresidente del Banco de Guayaquil). Se presume que Mackliff es el operador de Guillermo Lasso respecto a la constitución de empresas offshore en Panamá. Sus movimientos migratorios señalan que ha realizado unos 50 viajes a Panamá desde 2017, con mayor énfasis entre 2013 y 2016, período en el que se conoce que Lasso transfirió sus capitales a sus hijos, principalmente a efectos de no tener patrimonio económico a su nombre. 

sábado, 25 de marzo de 2017

“La renta básica universal sería el mayor logro del capitalismo”


RUTGER BREGMAN / AUTOR DE 'UTOPÍA PARA REALISTAS'

El pensador holandés propone repartir dinero gratis y la jornada laboral de 15 horas para acabar con la desigualdad



El historiador Rutger Bregman. CARLES RIBAS

El historiador Rutger Bregman (Westerschouwen, Holanda, 1988) irrumpió en el debate ideológico de su país hace ya tres años con la publicación de su ensayo Utopía para realistas. El texto se divulgó primero en Internet, en la web The correspondent. La industria editorial se sumó más tarde al fenómeno, que llega ahora a España de la mano de Salamandra. Colaborador en medios como The Washington Post o The Guardian, Bregman cree viable sacudir el capitalismo con propuestas como la renta básica universal, reducir las jornadas laborales a 15 horas semanales o abrir fronteras para acabar con la desigualdad.
Pregunta. En el sur de Europa el debate ahora se centra en cómo seguir financiando el Estado del bienestar. ¿Ve viable añadir al sistema una renta básica universal?
Respuesta. La renta básica es un complemento de las partes fundamentales de la sociedad del bienestar que debería añadirse a la salud y la educación pública. Pero hay cosas que esta renta podría reemplazar, en especial a subsidios como el de paro, que se ha convertido en un sistema increíblemente burocrático y paternalista y que no funciona.


"QUIERO UNA SOCIEDAD EN LOS QUE TODOS DECIDAN EN QUÉ TRABAJAR"


Pregunta. ¿Cuántas horas trabaja a la semana?
Respuesta. ¿Qué es trabajo? [ríe]. Trabajo en The Correspondent, un colectivo de periodistas de investigación y eso me da un salario básico. Y lo hago porque creo que en él y no por el dinero.
P. ¿Pero cuántas horas? ¿Le puede dedicar solo 15 a la semana?
R. Igual incluso trabajo cero horas , porque no lo considero trabajo realmente. Nadie me obliga a hacerlo. Pero me gustaría ver una sociedad en la que cada persona decida qué quiere hacer con su trabajo libremente. Me considero afortunado, pero me gustaría vivir en una sociedad en la que todo el mundo se sintiera así.

P. ¿Entonces los ciudadanos dejarían de cobrar cuando estuvieran desempleados?
R. La renta básica es la planta cero de la distribución y es incondicional. La obtendrían todos: ricos y pobres.
P. ¿Y cómo se financiaría?
R. Como he dicho, reemplazaría algunas partes de la sociedad del bienestar. Pero la renta básica es una inversión. Hay muchas pruebas científicas que demuestran de que la pobreza es enormemente cara: genera más delincuencia, peores resultados académicos, enfermedades mentales… Sería mucho más económico erradicar la pobreza que combatir los síntomas que provoca.
P. Critica al Estado por “supervisor” o “paternalista”, ¿pero no cree que debe controlarse de algún modo cómo se emplean los recursos públicos?
R. Los pobres son los auténticos expertos en sus propias vidas. Creo en la libertad individual y la gente sabe qué debe hacer con su vida, pero ahora vivimos de lleno en una sociedad de burócratas y paternalistas. Las investigaciones demuestran que lo mejor es dar directamente el dinero directamente a quien lo necesita en lugar de destinarlo a inspectores y burocracia. A mucha gente le preocupa que la renta básica se derroche en drogas o alcohol, pero en el pasado ha habido experiencias que concluyen que ha funcionado sobradamente bien.
P. ¿Esa no es la actitud que esta semana ha mostrado el jefe del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, cuando en referencia a los países del sur de Europa decía que uno no podía gastarse dinero en mujeres y alcohol y luego pedir dinero?
R. Me gustaría disculparme en nombre de mi país por ello. La buena noticia es que probablemente él pronto ya no trabajará en ese sitio. Sí, es un gran ejemplo de la falta de confianza que las grandes instituciones tienen en la gente normal. Todo ese dinero, en realidad, no fue a los bolsillos ni de los basureros ni de los limpiadores ni de los profesores, sino de los banqueros. En el libro trato de expresar una idea más optimista de lo que podemos conseguir como sociedad. Mi generación está harta de políticos como Dijsselbloem, que ponen a los ciudadanos en contra de otros ciudadanos.
P. En el libro es muy crítico con la izquierda socialdemócrata por su discurso "perdedor". ¿Cómo debe renovarlo?

Vivimos en una sociedad de burócratas y paternalistas

R. Los socialdemócratas han sido completamente aplastados en las últimas elecciones generales en Holanda. Han perdido el rumbo y no tienen ideas para aportar. Dijsselbloem es el mejor ejemplo del tecnócrata y de esa percepción de que los hombres con traje saben mejor lo que nos conviene. Y esa idea ha desembocado en la irrupción del populismo de derechas. La tecnocracia y el populismo están convencidos que solo hay una receta que va a funcionar, y lo que nos conviene es el pluralismo. El problema de la izquierda hoy es que solo sabe a qué se opone. Se ha quedado en una noción muy paternalista, de ayudar a quien lo necesita. Debemos darle la vuelta a ese discurso por completo. Por ejemplo, reivindicar la meritocracia. Si nos la tomamos en serio, muchos maestros deberían cobrar más y muchos banqueros tener incluso un sueldo negativo por destruir riqueza. Ese es el discurso que necesitamos para combatir la desigualdad.
P. Pero en el libro su crítica es general, se queja de que su generación carece de nuevas ideas…
R. Pero ya hay algunos síntomas para la esperanza. Yo escribí el libro por primera vez en holandés en 2014 y por aquel entonces nadie tenía ni la más remota idea de qué era la renta básica. Ahora solo en Holanda hay 20 ciudades que han implantado un plan para implementarla, se está experimentando en Finlandia y está a punto de hacerse también en Canadá. Eso demuestra que es una idea que va conquistando el mundo.
P. Aboga por una jornada laboral de 15 horas semanales. Esa idea ya la puso sobre la mesa John Maynard Keynes y no parece que nos hayamos acercado mucho. ¿Por qué cree que ahora es posible?

Mi generación está harta de políticos que enfrentan a ciudadanos como Dijsselbloem

R. Durante décadas mucha y mucha gente pensó que tendríamos jornadas más cortas. Keynes no fue el único. En los años setenta la mayoría de los economistas y sociólogos estaban convencidos de ello. Pero en los ochenta eso cambió y empezamos a trabajar mucho más. Hoy estamos sobrepasados por el trabajo. Hay dos razones. El primero es el consumismo: compramos cosas que no nos hacen falta para impresionar a gente que no nos gusta. El problema de esa explicación está en que la mayor parte de las cosas que compramos y no necesitamos están producidos por robots y en el Tercer Mundo, lo que ha hecho que la mayoría trabajamos en el sector servicios. Eso nos hace buscar otro motivo, y es que en los últimos 30 años hemos asistido a un crecimiento disparatado del nivel de trabajos basura.
P. ¿En qué sentido son basura?
R. Un trabajo basura es un empleo que es calificado como inútil por la persona que lo desempeña. A menudo son trabajos muy bien pagados, pero pueden consistir en mandar correos electrónicos o escribir informes que nadie va a leer. No estoy hablando ni de basureros, ni profesores ni enfermeras. Y hay trabajo increíblemente útil que no se paga, como el cuidado de los niños o ancianos o el voluntariado. Si todos ellos dejaran de trabajar, sí tendremos problemas de verdad.
P. ¿Y qué mecanismo usaría para asignar los salarios?
R. La renta básica sería fundamental, porque por primera vez en la historia permitiría a la gente que pudiera decir no a trabajos que realmente no quiere hacer. Hoy ese es un privilegio solo al alcance de los más ricos, pero en el caso de que se implantara la renta básica sería un derecho al alcance de todo el mundo. A los niños se les dice que deben estudiar algo que les dé dinero. Con la renta básica, podrán hacer lo que quieran en la vida.
P. Habla de que habrá menos empleo por la tecnología. ¿No puede ser que en lugar de eso se creen nuevas categorías de empleo?

El problema de la izquierda es que solo sabe a lo que se opone

R. Hemos subestimado la extraordinaria capacidad del capitalismo para generar nuevos trabajos inútiles. Hoy tal vez el 30% de los empleos son inútiles, pero el capitalismo puede convertir esa cifra en el 40%, 50% o 60%. A menos que introduzcamos la renta básica o redefinamos el concepto de trabajo.
P. Uno podría encasillarlo como antisistema, pero en el libro defiende el capitalismo al afirmar que es un “motor de prosperidad”…
R. La renta básica universal sería el logro más importante del capitalismo. No es una idea absurda, es una plataforma sobre la que arrancar y le concederá a todo el mundo una herramienta para arriesgarse y emprender. Y en eso consiste el capitalismo.
P. Los críticos con la renta básica dicen que esos ingresos desincentivarían el trabajo. ¿Qué opina?
R. Invierto tres capítulos en hablar de experiencias que se han llevado a cabo para demostrar que cuando la gente recibe dinero gratis ni lo malgasta ni se lo bebe. Las investigaciones demuestran que todos queremos conseguir nuestro sueño. Y el gran desperdicio de nuestros días son los millones de personas que están atrapados en la pobreza o en un trabajo inútil.
P. Usted propone la apertura de fronteras en un contexto en el que el mundo parece ir en dirección contraria. ¿Es la parte más utópica de su argumento?
R. Sin duda, es la más radical. Pero tenemos pruebas de que la inmigración es un arma contundente contra la pobreza. Un país con un patriotismo fuerte debería estar orgulloso de abrir sus puertas a emigrantes y refugiados, porque todo gran país en la historia de la humanidad se ha fundado sobre ellos.
P. Esa propuesta requiere de un consenso internacional. Viendo el papel de la Unión Europea en la crisis de los refugiados, ¿le parece viable conseguirlo?
R. Todo empieza por contar una historia distinta. Lo mismo sucede con la renta básica. A menudo me dicen que la gente está en contra, pero en el siglo XVII la mayoría también estaba en contra de la democracia.